Manuela Blasco Pardillas7 Documento
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ROBERTO CEAMANOS LLORENS
A comienzos del siglo XX, las
voces de los regeneracionistas clamaban por reformar el país. Lemas como «escuela
y despensa» de Joaquín Costa mostraban un deseo de cambio que tenía en la
enseñanza uno de sus aspectos más relevantes. Con unas altas tasas de
analfabetismo, era preciso modernizar el sistema educativo si se quería salir
adelante: había que introducir la renovación pedagógica, mejorar la formación
de los maestros, darles un salario digno, multiplicar el número de escuelas y
completar sus escasos medios materiales. Sin embargo, durante los últimos
gobiernos de Alfonso XIII apenas cambió nada en el sistema educativo español.
Fue en este sistema en el que
comenzó a trabajar Manuela Blasco Pardillas, maestra originaria del País Vasco,
que recaló en los años veinte en la localidad de Torrellas donde ejerció su
profesión hasta la siguiente década –es seguro que fue maestra en Torrellas
entre 1927 y 1937–. Manuela estaba casada con Miguel Inaz
Urdangarin, que había nacido en 1866 y falleció el 25
de septiembre de 1929 en Torrellas, donde está enterrado.
Como en el resto del país, la
escuela que conoció Manuela carecía de lo más elemental. Ni los locales que
albergaban las aulas, ni el material con el que contaba, ni los sueldos que recibían los docentes eran
dignos. Torrellas tenía en aquella época una escuela de niños, que se encontraba
ubicada en el último piso del ayuntamiento, y otra de niñas, sita en la calle Almacabe, hoy calle de San Antón o carretera Los Fayos. En el inmueble de la escuela de niñas la planta baja
estaba ocupada por el aula y en la parte superior tenía su vivienda la maestra.
Todas las niñas entre 7 y 14 años, poco más de medio centenar, acudían a la misma clase donde, atendiendo a sus edades, Manuela las dividía en tres secciones asignando a cada una de ellas diferentes tareas. En el aula no había ningún sistema de calefacción, por lo que cada una de las alumnas colocaba bajo sus pies, para entrar en calor, una caja que contenía brasas y que se tapaba con una rejilla. La electricidad se tomaba de la energía que producía un molino que aprovechaba un salto de agua en la acequia de Magallón. No obstante, la luz que proporcionaba era muy débil por lo que las niñas debían de llevar a clase un candil de aceite. Ellas eran también quienes barrían y limpiaban la habitación. Además, cada familia debía hacerse cargo de los gastos de material de sus hijas. Las niñas acudían al colegio con el material en el interior de sus clases.

Torrellas.
Manuela Blasco y sus alumnas
En estas precarias condiciones
se impartía la docencia en la escuela de niñas. Sus alumnas recuerdan que
Manuela «era dura, pero muy buena maestra». Por las mañanas, las niñas
aprendían Aritmética, Geometría, Geografía, Historia de España, Historia
Sagrada y Catecismo; las tardes estaban dedicadas a las enseñanzas «propias de
su sexo» y se les enseñaba «labores».
En la sociedad de aquella época
estaba muy extendida una concepción de la mujer por la que se esperaba de ella
que se dedicara exclusivamente al hogar y a la familia. Sin embargo, Manuela no
estaba enteramente de acuerdo con esta premisa. Ella misma, como maestra, una
de las pocas profesiones que se ofrecían como salida a las mujeres que querían
trabajar fuera del hogar, había realizado estudios de Magisterio y había roto
con la imagen de mujer dedicada únicamente a las tareas domésticas.
En este sentido, mostró siempre
gran interés en que las muchachas que destacaban en su escuela y que ella veía
con aptitudes siguieran estudiando más allá de los años correspondientes a la
enseñanza primaria. No se cansaba de hablar con sus padres para conseguir
convencerles a fin de que siguieran una formación superior fuera de Torrellas.
No era ésta una tarea sencilla. Las dificultades económicas de las familias,
que contaban con ellas para el trabajo en la casa y en el campo, y la desconfianza
ante una opción poco habitual hacía que muchos progenitores no estuvieran de
acuerdo con que sus hijas dejaran el pueblo para estudiar.
No obstante, algunas de las
alumnas de Manuela rompieron estos esquemas tradicionales y varias concluyeron
carreras universitarias, algo inusual en la época. Fue el caso de Priscila
Molina García, que cursó Magisterio; de Fermina
Sánchez Aranda, que se licenció en Filosofía y Letras y trabajó en Madrid en el
Ministerio de Educación y Ciencia; y de Carmen Goicoechea Ledesma, que completó
Medicina, profesión que ejerció en diferentes municipios, entre ellos el mismo
Torrellas.
Estas jóvenes fueron pioneras
en una época en la que la presencia de la mujer en la Universidad y en el mundo
de la administración pública y de las profesiones liberales era meramente
testimonial. Ellas abrieron el camino.
Ésta y otras esperanzas de
cambio anidaron en el corazón de muchos españoles cuando, el 14 de abril de
1931, se proclamó la Segunda República. La educación se convirtió en una de sus
prioridades. Para el pensamiento republicano había que extender la educación a
todas las capas sociales y la enseñanza gratuita y laica era el instrumento
para lograrlo. El reto era inmenso.
En 1930 las tasas de
analfabetismo se situaban en el 32% de la población, siendo más dramático en el
caso de las mujeres, que rondaban el 62%. La legislación republicana trató de
solucionar este grave problema: aumentó el número de escuelas y de maestros,
mejoró sus dotaciones, impulsó la renovación pedagógica de la enseñanza y
revalorizó la figura social del maestro. Sin embargo, y pese a los esfuerzos
realizados, la escasez de medios económicos y la falta de tiempo para su
ejecución impidieron que se llevara a cabo tan ambicioso plan.
Manuela no manifestó nunca su
pensamiento político en la escuela. Sus discípulas explican que no hablaba de
ello en clase. Sin embargo, era conocida en la localidad por ser una mujer
progresista y republicana. «Era de izquierdas y republicana; era más
republicana que Salmerón, decíamos por entonces». Sus alumnas recuerdan que le
gustaba cantar con ellas y que, entre las canciones, había una cuya letra hacía
alusión
al Estatuto de Cataluña.
Durante este periodo, Manuela
Blasco fue una de las primeras mujeres del país que desempeñó las funciones de
alcalde. Efectivamente, entre el 9 de febrero y el 10 de mayo de 1933, presidió
la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Torrellas.
El 15 de abril de 1931 se había
constituido en Torrellas el nuevo ayuntamiento republicano, con Eugenio Lacarta Iturria como alcalde. Sin
embargo, apenas dos años más tarde, en la sesión extraordinaria del 26 de enero
de 1933, la corporación en pleno cesó en sus respectivos cargos. Ante esta
situación, la Ley dictaminaba que se había de designar, para sustituir al
concejo cesado, una comisión gestora hasta la celebración de las próximas
elecciones municipales.
De los moradores
Esta comisión gestora,
proclamada el mismo 26 de enero, estuvo compuesta por: Gregorio Léon Gimeno –sanitario practicante, en representación del Estado–, Félix García Ledesma –afiliado a la U.G.T., como delegado de las organizaciones obreras– y Ángel García Pérez –escogido por sorteo entre
los contribuyentes -. Pero, el 9 de febrero, y por orden del gobernador civil,
se procedió a nombrar una nueva comisión gestora en la que Manuela Blasco, por
su condición de maestra titular, ocupó el lugar que le correspondía al
representante del Estado, siendo elegida también presidenta.
Al frente de esta comisión,
Manuela Blasco llevó a cabo las tareas propias de la administración municipal,
en especial la continuación de las gestiones para la construcción del camino
vecinal de Los Fayos a la carretera de Gallur-Ágreda. También se
realizaron diferentes trámites en Zaragoza relativos al monte El Cierzo; en
concreto, se pidió la intervención del gobernador civil para evitar posibles
conflictos entre los cultivadores de parcelas de Torrellas y de Tarazona. El 10 de mayo de 1933, apenas tres meses después
de su constitución, cesó la comisión gestora y tomó posesión un nuevo
ayuntamiento surgido de las elecciones del 23 de abril de 1933 y que fue
presidido por Gregorio Torres Lacarta. Manuela Blasco
terminó así su labor al frente del municipio.
Poco después estalló la Guerra
Civil. No sabemos si Manuela Blasco sufrió algún tipo de represión política,
aunque sí nos consta que siguió ejerciendo la docencia en Torrellas. En su
recuerdo, y en agradecimiento a su labor de tantos años, el Ayuntamiento de
Torrellas le ha dedicado una de sus calles.
Fuentes y Bibliografía
— Testimonios de Virgilia García Casaus, Mª Jesús
García Pérez, Priscila Molina García, Trinidad Ruiz Carrera y Benigna Torres
Calvo –todas ellas vecinas de Torrellas y alumnas de Manuela Blasco– [Torrellas, 28 de septiembre de 2002].
— Actas Municipales del Archivo
Municipal de Torrellas.
— CEAMANOS LLORENS, R., 2003,
«Blasco Pardillas, Manuela», en BERNAD, E. [coord.], Republicanos y República.
Socialistas y republicanos de
izquierda en Zaragoza y su provincia, 1931-1936, Zaragoza, Grupo Socialista de
la Diputación Provincial de Zaragoza, pp. 180-182.
Comarca de Tarazona
y el Moncayo